12 de marzo de 2014

Un día más

Me levanto, me preparo y salgo hacia el instituto, como cada día, sin ganas.
Entro a clase de las primeras mientras observo a los diferentes grupos que se van formando en la clase. Intento integrarse en alguno, pero siento que sobro y decido volver a mi sitio en primera fila.
La clase da comienzo e intento prestar atención a las palabras de la profesora, que explica un trabajo. - No lo digas, no lo digas, no lo digas- repito como mantra interiormente. “ El trabajo es por parejas chicos, podéis hacerlas vosotros” Lo dijo. Odio esas tres palabras. Automáticamente, mi cuaderno se vuelve muy interesante y trato de ignorar el jaleo que se ha formado en clase. Como siempre, me pondré con la persona que tenga la mala suerte de quedarse solo.
Las horas pasan rápido y cuando quiero darme cuenta suena el timbre que anuncia el recreo. Por fin. Aunque la situación no es muy diferente. A pesar de tener un grupo de amigas con las que juntarme, siento que no las importo y solo cuentan conmigo cuando están solas.
El timbre suena de nuevo anunciando el fin del pequeño descanso. Ojalá no lo hubiera hecho. Gimnasia. Odio esta hora. Es cuando más sola me siento. Todo el mundo con sus amigos. Y luego estoy yo, la chica anti-social que corre en silencio.
Las clases pasan y cuando quiero darme cuenta suena el timbre de salida. Recojo rápidamente mis cosas y salgo de clase la primera.
Al llegar a casa mi madre me pregunta sobre el día y yo, como siempre, evito la pregunta. No quiero mentirla, pero tampoco quiero que se preocupe por mi más de lo que ya lo hace.
Termino de comer y hago los deberes. Luego cojo mi ipod, mi libro favorito y dejo que pasen las horas en un mundo de hadas, seres sobre-naturales, amor y amistad. Cuando quiero darme cuenta, mi madre me avisa para la cena, donde mis padres discuten una vez más por algún motivo que desconozco, aunque como en la mayoría de ocasiones, la culpa sea mía.
Termino de cenar y me pongo en el ordenador un rato para hablar con mi mejor amiga, la única que me entiende y escucha cuando lo necesito. Cotilleo un poco el perfil del chico que me gusta, a pesar de que sé que para alguien como yo es inalcanzable.
Apago el ordenador y me voy a la cama para soñar cosas que nunca se harán realidad. Con ser una chica “normal”. Con simplemente ser feliz.

Y para preparme para un nuevo día rodeado de soledad. Para prepararme para un día más.

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