14 de febrero de 2014

Sorry

Perdón.
Prometí que subiría hoy, pero no tengo ganas ni imaginación para escribir. No he tenido una buena semana que se diga y mis ánimos están por los suelos.
Además, empiezo dos semanas moviditas. Tengo que entregar varios trabajos y estoy hasta arriba de exámenes (tengo ganas de pegarme un tiro). Tengo que lleerme varios libros para el insti y no doy a basto.
De nuevo, lo siento, pero no tengo fuerzas. Y después de eso viene mi cumpleaños.
En cuanto tenga algo decente y tiempo para subirlo, tendréis una nueva entrada, aunque no se si relato, reflexión o experiencia (Esto eúltimo es nuevo, lo sé)
Un besote enorme a tod@s.

9 de febrero de 2014

#Relato Admirador en las sombras

Es ya de noche y antes de salir a mi cita, me miro por enésima vez en el espejo.
Mi pelo castaño y rizado cae por mi espalda hasta mi delgada cintura formando bonitos tirabuzones y mi flequillo recto resalta mis grandes ojos marrones verdosos, hoy maquillados levemente por la raya y un pelín de rímel, a pesar de que este último no le hacen falta a mis largas pestañas. Repaso de nuevo mi vestido aguamarina palabra de honor que cae libremente hasta mis rodillas, adornado por un cinturón negro ancho debajo del pecho. Mis pies visten hoy unos tacones negros, a juego con la bisutería, el pequeño bolso de mano y la chaqueta de cuero.
Mi móvil suena y rápidamente lo miro. Es un mensaje:
“¿Vendrás? Espero no decepcionarte. Míster X”.
Es de mi admirador secreto. Hace unas semanas que le dí mi móvil para poder hablar no solo vía Msn. Todo empezó hace algo más de un año, con un misterioso correo electrónico...
-Flashback-
Principios de Septiembre. Primer día de clase. Y yo, como de costumbre, llegaba tarde. Me puse mi uniforme a toda prisa, cogí la mochila y baje las escaleras corriendo. En la cocina estaba mi madre.
-Katrina, 16 años y siempre llegas tarde... el autobús ha pasado hace poco.
-Ya lo sé mamá- cogí una tostada y fui a la puerta- ¡Te quiero!
Corriendo llegué justo a tiempo. Si no fuera porque me llevaba bien con el conserje, más de un día me habría quedado fuera. Entré en mi clase, 4º E.S.O A  fui a saludar a Trevor, mi, en aquel entonces, novio. Tenía dos años más que yo y aunque me propuso sentarme con él, me fui a sentar con Roxanne, mi mejor amiga, la cual me miraba divertida. Hizo amago de hablar, pero en ese entonces entró el señor Malik, nuestro profesor de tecnología y durante este año, tutor. Al ser el primer día nos dejó subir a los ordenadores e ir por libre.
-Rox, ¿Puedo meterme en mi Hotmail? Estoy castigada sin ordenador.
-Claro.
Dicho esto, encendí el ordenador y después, de meter mi usuario y mi contraseña, cotilleo mi correo. Tenía algunos mensajes, pero uno en especial llamo mi atención:
Querida Katrina:
Seguramente me habrás visto por los pasillos del Ramsy High School, pero nunca me has hablado y yo tampoco he tenido agallas para dirigirte la palabra. Esto parecerá de cobardes, pero es lo más valiente que he hecho jamás. Y es que desde siempre me ha gustado tu simpatía, tu timidez, tu belleza, tu sencillez y tu carácter ¿Recuerdas cuando le partiste la nariz a Alexia en 5º de primaria? Fue impresionante.
Sé que ahora sales con Trevor, y entiendo que ignores mi mensaje, pero quería decirte que te amo.
Atm: tu admirador secreto ¿Moderno?”
-¡Kat! ¿Quién puede ser? Está claro que es del instituto, pero somos unos 900 alumnos...
-Reduce Rox. El puñetazo a Alexia fue en una excursión, lo que nos deja con...
-75 alumnos. Quita a las chicas.
-Oye... ¿Por qué estamos haciendo cálculos? Quiero a Trevor.
-Como para no quererlo. Él es el capitán del equipo de fútbol y tú, la capitana de las animadoras. Sois...
-La típica pareja popular perfecta.
-Flashback-
Desde entonces muchas cosas han cambiado. Lo primero, nos graduamos y ambas, Rox y yo, hemos empezado el bachillerato de letras, ella para derecho y yo para magisterio. Otro de los cambios es que Trevor y yo lo dejamos hace unos meses, después de que se enterara de que prácticamente le era infiel con un chico cibernético.
La relación con Míster X – así empecé a llamarlo cuando admirador secreto me empezó a parecer muy largo – va cada día a más. Empezamos con correos electrónicos, para después pasar a quedar para hablar por el chat y hace cosa de un mes, nos dimos los teléfonos. Y hoy por fin sabré quien se esconde detrás de ese usuario del que poco a poco me he ido enamorando.
Mis nervios están a flor de piel y casi temblando llego a la cafetería donde habíamos quedado.
Son las 21:10 y al llevar 10 minutos de retraso, empiezo a preguntarme si lo que decía Rox era verdad, si realmente todo es una broma pesada.
Pi pi-pipi-pipi. Genial, un mensaje.
“No te dejado plantada, tranquilízate. Dile a la camarera rubia tu nombre, ella te dará un sobre. Digamos que es un pequeño... ¿Juego de pistas? Míster X”
Este mensaje me levanta el ánimo, así que con paso decidido me acerco a la camarera alta de uniforme naranja que tiene el pelo corto y rubio.
-Perdone, soy Katrina Lewis Cox. ¿Ha venido algún chico aquí y le ha dado algún sobre o algo así?
-Así que tú eres la afortunada...- se mete la mano en el bolsillo de su delantal y saca un pequeño sobre rosa- Toma, me dio esto. Suerte.
-Gracias.
Salgo de la cafetería y abro el sobre. Una foto y una nota escrita a máquina están dentro.
“Seguro que reconoces esta foto. Ve, allí está la siguiente pista.”
Miro la foto de nuevo. Es el número 26 de la gran oca gigante que hay pintada en la plaza del parque Natura.
Me dirijo allí, donde encuentro otro sobre.
“Ya has ido a tu sitio favorito ¿Y el mío? La siguiente pista está en la tienda de al lado, así que repite el proceso de la cafetería con el chico pelirrojo”
Su sitio favorito... ¡La tienda de música! No está lejos de aquí. Llego allí, junto a la tienda, un bloque de pisos y al otro lado, una floristería, increíblemente abierta a pesar de que ya es de noche.
-Disculpe, soy Katrina Lewis Cox.
-Por supuesto, toma.
Me da un clavel amarillo, mi favorito, y otro sobre.
“Supongo que te dolerán los pies... por último, tu sitio favorito para escribir y el mío para componer es...”
El acantilado.
Corro hasta llegar a la playa. Junto a esta, unas escaleras conducen a un bosque al final del cual hay un acantilado. Al llegar a las escaleras me encuentro otro sobre.
“Siempre he estado cerca de ti. En la penumbra, acumulando odio hacia Trevor por no saber valorarte.”
Aunque no entiendo el significado de la última nota, continuo por el sendero. Según voy llegando, unas velas con aroma a vainilla – mi favorito – adornan el camino hasta llegar al claro. Una figura esta de espaldas apoyada en la barandilla que protege al precipicio. Delante de esta, una manta a cuadros sobre la cual se encuentra una cesta de picnic y un bol de fresas con nata- rio ante este último detalle-  me sorprenden. Pero la sorpresa es aún mayor cuando la sombra misteriosa se da la vuelta y descubro la identidad de Míster X.
-¿Dylan?
-¡Katrina! ¡Has venido!.
-¿Tú eres Míster X?
-Muy cerca de ti, ¿no crees?
-Tu hermano te matará.
Así es. Mi admirador secreto no es otro que Dylan, el hermano menor de Trevor. Dylan es de mi edad, alto, no tan musculoso como su hermano y muy guapo, pero pertenecer al grupo de los estudiosos lo dejó en la parte más baja de la popularidad escolar. Alguna vez le había pillado mirándome, pero nunca pensé...
-¿Decepcionada? Si no quieres estar aquí...
-Tranquilo, esto es perfecto.
-¿Cenamos?

Ambos nos sentamos en la manta y conversamos tranquilamente. Hablamos, comemos, reímos y disfrutamos de la mutua compañía mientras unas traviesas mariposas empiezan a aparecer en mi estómago. Después de la cena y recoger todo, nos tumbamos en la manta a admirar las estrellas. Nuestras manos se rozan y en un acto de atrevimiento, las entrelazo. Dylan se gira lentamente y nuestros labios se acercan, fundiéndose en un romántico beso que será el primero, de muchos.

6 de febrero de 2014

#Relato Especial San Valentín

Relato Especial San Valentín
14 de Febrero.
Alexia mira por la ventana preparada para afrontar un nuevo día. Aunque no uno cualquiera. Para muchos, San Valentín era una fecha de amor. Para ella, un día que debía pasar rápido para poder continuar con su vida, o al menos, para poder sentirse aparentemente bien con ella misma.
Hacia tres años desde aquel 14 de Febrero tan traumático para ella. Recordaba ese día, y los posteriores como si fuera ayer y la mirada de Gideon estaba grabada a fuego en sus pensamientos permanentemente.
Gideon. Aquella mirada de ojos mieles a la que ella quitó la vida en defensa propia la perseguía. Había estado saliendo con él durante parte de su adolescencia. Ella pensaba que era el amor de su vida, el hombre con el que pasaría el resto de sus días, con el que formar una familia. Pero meses después de empezar a salir, la actitud del chico cambió y lo que en un principio fueron agresiones verbales pronto se convirtieron físicas, hasta que llego un punto en el que ella no pudo soportarlo y en una de las peleas la chica lo empujó, con la mala suerte de que la cabeza del joven dio con el pico de una mesa y murió de un traumatismo craneal.
Después de aquellos acontecimientos, la vida de Alexia dio un giro de 180º. Sus amigas la dejaron de lado y todo el mundo la tachó de asesina sin conocer la historia. Una vez ordenada la sentencia que dejaba libre a la muchacha, sus padres decidieron mudarse desde Irlanda a Canadá con el propósito de empezar una nueva vida y olvidar el pasado, aunque para Alexia ya nada sería igual .
Se encaminó por el pasillo de la universidad intentando no mirar a todas esas parejas que no hacían más que agravar el dolor de su pecho y se encontró con Edward en la entrada de la clase de literatura. Su mejor amigo era un chico no muy musculoso de ojos marrones y pelo a lo The Beatles, un poco más alto que ella y con un corazón de oro. También una de las pocas personas que sabía su historia al completo y la persona en la que más confiaba Alexia.
Por otra parte, Edward miraba a Alex, como él la apodaba, con un brillo en los ojos que era incapaz de disimular. Desde que conoció a su amiga, se había enamorado profundamente de ella. Miraba como sus rizos castaños caían en cascada hasta la mirad de la espalda de la chica. Había soñado miles de noches con mirar a esos ojos marrones verdosos y decirle todo lo que sentía, para después besarla como si el mundo se acabara. Desgraciadamente, sabía que Alexia nunca tendría nada con él. No solo porque era su mejor amigo, si no por el peso que ella llevaba sobre sus hombros. No la había visto con ningún chico desde que la conoció y sabía la razón, aunque le gustaría demostrarle que no debía tener miedo al amor.
El día pasó como de costumbre. Clases aburridas en las que Edward no dejaba de mirar a Alexia de reojo y Alexia no paraba de pensar en como odiaba San Valentín.
Acabadas las clases, comieron juntos como cualquier otro día y después cada uno se dirigió a su respectiva casa.
Una vez en casa, Edward miro la foto que tenía en la mesita de noche de su cuarto. Esa que se hicieron hacía algo más de un año el primer día de universidad. Él tenia el pelo corto y sonreía a cámara. Alexia, con mechas azules en el pelo, hacía muecas como una niña pequeña – Una niña pequeña que maduró demasiado pronto- pensó.
En otra parte de la ciudad, Alexia miraba esa misma fotografía con un sentimiento extraño que insistía en ignorar, aunque sabía por experiencia que cuando el corazón decide algo, el cerebro se rinde a los pies de este.
Un sonido la sacó de sus pensamientos. Su móvil vibraba sobre la mesa central del salón de su pequeño apartamento. Desbloqueó el aparato y sonrió sin motivo al ver que su mejor amigo le había mandado un mensaje.
  • Alex, ¿Qué tal lo llevas?- Su Edward sabía que el 14 de Febrero era uno de los peores días del año para ella.
  • Poco a poco, ya lo sabes.
  • ¿Vienes a casa y vemos una película de comedía de esas que te gustan a ti?- Y volvió a sonreír de nuevo. Cuando estaba o hablaba con él, sus problemas parecían desaparecer, por mucho que ella no quisiera.
  • Estoy allí en 10 minutos. Te quiero.
En ese momento, Edward hubiera deseado que ese “Te quiero” fuera en otro sentido. Suspiró y preparó su habitación. Después bajo a la cocina, donde se encontró con su compañero de piso y se puso a hacer las palomitas de colores que tanto gustaban a Alexia. Rió. Esa chica lo tenía loco de una manera sobrenatural. Todo en lo que pensaba era en ella.
El sonido de la puerta lo sacó de sus pensamientos. Se dirigió a la puerta y se encontró con Alexia, que lo miraba raro. Entonces, ambos se echaron a reír sin motivo alguno. Momentos como ese hacían que la vida mereciera la pena, pensaron ambos.
Alexia entró en el adosado riéndose aún. Subió las escaleras de esa casa que conocía de memoria, entró en la habitación de Edward y se puso cómoda en la cama con total confianza. Su amigo apareció instantes después con las palomitas y varias películas haciendo equilibrio en una bandeja. Dejó las palomitas en la mesita de noche y le enseñó las películas a la chica. Después de pensárselo un poco, escogió una al azar. Edward puso la película y se tumbó junto a su amiga sin dejar de pensar en que pasaría si le confesaba sus sentimientos
Por otra parte, Alexia se sentía confusa. La sensación que tenía no era nueva para ella, pero si temida. Las mariposas en el estómago, esa sonrisa tonta cuando lo veía, las ganas de besarlo, todo eso que ella evitaba. Conocía a Edward, pero sabía que la gente cambiaba a la más mínima y tenía miedo de volver a ilusionarse y volver a sufrir, como le pasó con Gideon. Miró de reojo a Edward y se dio cuenta de él también la miraba. Poco a poco sus rostros fueron acercándose hasta que se fundieron en un romántico beso. Ambos olvidaron donde estaban, se centraron el uno en el otro. Pero sin embargo, Alexia empujó levemente a Edward rompiendo el mágico momento. No quería admitir sus sentimientos. Por su parte, Edward no podía creer lo que acababa de pasar. ¿Sentía Alexia por él lo que sentía él por ella? El joven miró a esos ojos que tanto amaba, ahora aguosos. Y se sintió mal por ella una vez más. No merecía todo el dolor que sufría.
  • Lo siento, no debería... Esto está mal...- Alexia intentaba disculparse. No sabía por que, pero sentía que debía hacerlo.
  • ¿Por qué te disculpas? Esto no está mal Alex. Se que tu relación con Gideon no salió bien, pero no por eso debes pasarte la vida sin amar.
  • Tengo miedo admitió la joven
  • Déjame demostrarte que no debes tenerlo.

Sin pensárselo dos veces, Edward la atrajo hacia él y la besó. Un beso que significaba el principio de una nueva etapa para ambos. Un beso que demostraba amor y cariño, que invitaba a creer y a confiar en el poder del amor. Y un amor, indestructible.
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Dar las gracias a mi editor personal, que me revisa los textos. 
Dentro de unos días subiré una reflexión que estoy preparando sobre San Valentín
Un besote a tod@s¡¡