Relato Especial San Valentín
14 de Febrero.
Alexia mira por la ventana preparada
para afrontar un nuevo día. Aunque no uno cualquiera. Para muchos,
San Valentín era una fecha de amor. Para ella, un día que debía
pasar rápido para poder continuar con su vida, o al menos, para
poder sentirse aparentemente bien con ella misma.
Hacia tres años desde aquel 14 de
Febrero tan traumático para ella. Recordaba ese día, y los
posteriores como si fuera ayer y la mirada de Gideon estaba grabada a
fuego en sus pensamientos permanentemente.
Gideon. Aquella mirada de ojos mieles a
la que ella quitó la vida en defensa propia la perseguía. Había
estado saliendo con él durante parte de su adolescencia. Ella
pensaba que era el amor de su vida, el hombre con el que pasaría el
resto de sus días, con el que formar una familia. Pero meses después
de empezar a salir, la actitud del chico cambió y lo que en un
principio fueron agresiones verbales pronto se convirtieron físicas,
hasta que llego un punto en el que ella no pudo soportarlo y en una
de las peleas la chica lo empujó, con la mala suerte de que la
cabeza del joven dio con el pico de una mesa y murió de un
traumatismo craneal.
Después de aquellos acontecimientos,
la vida de Alexia dio un giro de 180º. Sus amigas la dejaron de lado
y todo el mundo la tachó de asesina sin conocer la historia. Una vez
ordenada la sentencia que dejaba libre a la muchacha, sus padres
decidieron mudarse desde Irlanda a Canadá con el propósito de
empezar una nueva vida y olvidar el pasado, aunque para Alexia ya
nada sería igual .
Se encaminó por el pasillo de la
universidad intentando no mirar a todas esas parejas que no hacían
más que agravar el dolor de su pecho y se encontró con Edward en la
entrada de la clase de literatura. Su mejor amigo era un chico no muy
musculoso de ojos marrones y pelo a lo The Beatles, un poco más alto
que ella y con un corazón de oro. También una de las pocas personas
que sabía su historia al completo y la persona en la que más
confiaba Alexia.
Por otra parte, Edward miraba a Alex,
como él la apodaba, con un brillo en los ojos que era incapaz de
disimular. Desde que conoció a su amiga, se había enamorado
profundamente de ella. Miraba como sus rizos castaños caían en
cascada hasta la mirad de la espalda de la chica. Había soñado
miles de noches con mirar a esos ojos marrones verdosos y decirle
todo lo que sentía, para después besarla como si el mundo se
acabara. Desgraciadamente, sabía que Alexia nunca tendría nada con
él. No solo porque era su mejor amigo, si no por el peso que ella
llevaba sobre sus hombros. No la había visto con ningún chico desde
que la conoció y sabía la razón, aunque le gustaría demostrarle
que no debía tener miedo al amor.
El día pasó como de costumbre. Clases
aburridas en las que Edward no dejaba de mirar a Alexia de reojo y
Alexia no paraba de pensar en como odiaba San Valentín.
Acabadas las clases, comieron juntos
como cualquier otro día y después cada uno se dirigió a su
respectiva casa.
Una vez en casa, Edward miro la foto
que tenía en la mesita de noche de su cuarto. Esa que se hicieron
hacía algo más de un año el primer día de universidad. Él tenia
el pelo corto y sonreía a cámara. Alexia, con mechas azules en el
pelo, hacía muecas como una niña pequeña – Una niña pequeña
que maduró demasiado pronto- pensó.
En otra parte de la ciudad, Alexia
miraba esa misma fotografía con un sentimiento extraño que insistía
en ignorar, aunque sabía por experiencia que cuando el corazón
decide algo, el cerebro se rinde a los pies de este.
Un sonido la sacó de sus pensamientos.
Su móvil vibraba sobre la mesa central del salón de su pequeño
apartamento. Desbloqueó el aparato y sonrió sin motivo al ver que
su mejor amigo le había mandado un mensaje.
- Alex, ¿Qué tal lo llevas?- Su Edward sabía que el 14 de Febrero era uno de los peores días del año para ella.
- Poco a poco, ya lo sabes.
- ¿Vienes a casa y vemos una película de comedía de esas que te gustan a ti?- Y volvió a sonreír de nuevo. Cuando estaba o hablaba con él, sus problemas parecían desaparecer, por mucho que ella no quisiera.
- Estoy allí en 10 minutos. Te quiero.
En ese momento, Edward hubiera deseado
que ese “Te quiero” fuera en otro sentido. Suspiró y preparó su
habitación. Después bajo a la cocina, donde se encontró con su
compañero de piso y se puso a hacer las palomitas de colores que
tanto gustaban a Alexia. Rió. Esa chica lo tenía loco de una manera
sobrenatural. Todo en lo que pensaba era en ella.
El sonido de la puerta lo sacó de sus
pensamientos. Se dirigió a la puerta y se encontró con Alexia, que
lo miraba raro. Entonces, ambos se echaron a reír sin motivo alguno.
Momentos como ese hacían que la vida mereciera la pena, pensaron
ambos.
Alexia entró en el adosado riéndose
aún. Subió las escaleras de esa casa que conocía de memoria, entró
en la habitación de Edward y se puso cómoda en la cama con total
confianza. Su amigo apareció instantes después con las palomitas y
varias películas haciendo equilibrio en una bandeja. Dejó las
palomitas en la mesita de noche y le enseñó las películas a la
chica. Después de pensárselo un poco, escogió una al azar. Edward
puso la película y se tumbó junto a su amiga sin dejar de pensar en
que pasaría si le confesaba sus sentimientos
Por otra parte, Alexia se sentía
confusa. La sensación que tenía no era nueva para ella, pero si
temida. Las mariposas en el estómago, esa sonrisa tonta cuando lo
veía, las ganas de besarlo, todo eso que ella evitaba. Conocía a
Edward, pero sabía que la gente cambiaba a la más mínima y tenía
miedo de volver a ilusionarse y volver a sufrir, como le pasó con
Gideon. Miró de reojo a Edward y se dio cuenta de él también la
miraba. Poco a poco sus rostros fueron acercándose hasta que se
fundieron en un romántico beso. Ambos olvidaron donde estaban, se
centraron el uno en el otro. Pero sin embargo, Alexia empujó
levemente a Edward rompiendo el mágico momento. No quería admitir
sus sentimientos. Por su parte, Edward no podía creer lo que acababa
de pasar. ¿Sentía Alexia por él lo que sentía él por ella? El
joven miró a esos ojos que tanto amaba, ahora aguosos. Y se sintió
mal por ella una vez más. No merecía todo el dolor que sufría.
- Lo siento, no debería... Esto está mal...- Alexia intentaba disculparse. No sabía por que, pero sentía que debía hacerlo.
- ¿Por qué te disculpas? Esto no está mal Alex. Se que tu relación con Gideon no salió bien, pero no por eso debes pasarte la vida sin amar.
- Tengo miedo admitió la joven
- Déjame demostrarte que no debes tenerlo.
Sin pensárselo dos veces, Edward la
atrajo hacia él y la besó. Un beso que significaba el principio de
una nueva etapa para ambos. Un beso que demostraba amor y cariño,
que invitaba a creer y a confiar en el poder del amor. Y un amor,
indestructible.
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Dar las gracias a mi editor personal, que me revisa los textos.
Dentro de unos días subiré una reflexión que estoy preparando sobre San Valentín
Un besote a tod@s¡¡

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