17 de abril de 2014

Música

Lo primero que se me viene a la cabeza cuando escucho la palabra “música” es evasión. Cuando deseamos que el mundo se evapore, simplemente nos ponemos los auriculares y dejamos que la música suene más alto que el mundo que nos rodea.
Una canción, una melodía, una banda o cantante, un músico, no es solamente eso. Pueden transformarse en personas, en momentos. Puede decir describir exactamente lo que está pasando en tu vida o como te sientes. Puede calmar un llanto o provocarlo. Puede hacernos bailar y reír.
La música es... el único amigo que nunca te falla. Es revolución, actitud, personalidad. Es lo único que nos cura cuando sentimos que todo es una mierda. Una vía de escape, otra dimensión donde ser nosotros mismos sin sentirnos presionados por la sociedad en que vivimos. Es otra vida en la que no hay dolor. Muchas veces, la música nos da mejor apoyo del que puede darnos una persona.
La música es amplia, sin límites ni fronteras. Nos hace sentirnos identificados, nos conecta con otras personas
Música es una droga legalizada, felicidad, vida.
Es la octava maravilla del mundo, el único idioma universal.

Pero ante todo, la música es un estilo de vida .

4 de abril de 2014

El final de una etapa

Antes de nada, aviso a mis lectores de esto es una cosa que me han pedido en el colegio y como me ha gustado como ha quedado ( y para que mis compañeros puedan verlo) he decidido subirlo.
__________________________
Echamos la vista atrás y nos damos cuenta de lo mucho que hemos cambiado en estos trece años. Muchas son las experiencias vividas, los amigos, festivales y villancicos. Los recuerdos.
Empezamos junto a la señorita Ana y la hermana Rosa. En aquel entonces, un mundo nuevo se nos abría con solo tres años. Algunos entrabamos con interés, otros con un terror que pronto desapareció.
Casi sin darnos cuenta, pasamos a Primaria. Las cosas se ponían serias. Aunque cuando realmente nos dimos cuenta fue en segundo. Las clases ya estaban arriba. Nos sentíamos mayores.
Más rápido de lo que muchos hubiéramos deseado, eramos los mayores de primaria y en un abrir y cerrar de ojos, los pequeños de la ESO.
El cambio fue muy significativo y notable. Cambio de edificio, de patio, de asignaturas, de profesores. Pero ahí estaban nuestras tutoras para ayudarnos.
Pronto estábamos en el tan temido segundo de la ESO, dándonos cuenta de que no era para tanto. Son muchas las anécdotas de ese año.
Tercero pasó tranquilo y deprisa.
Con cuarto, el viaje acababa. Había que afrontar decisiones que marcarían el final de una etapa y el principio de otra.
Es ahora cuando nos damos cuenta de que nuestra estancia aquí está llegando a su fin. No somos los mismos. Hemos cambiado tanto física como psicológicamente, aunque aun mantengamos ese niño interior.
El colegio San José ha sido como la segunda casa que hemos tenido, donde los profesores nos trataban como nuestros padres, con sus regañinas y felicitaciones por el esfuerzo realizado.

Lo que está claro es que el Colegio San José siempre tendrá un importante lugar en nuestro corazón.