11 de mayo de 2014

Niñez

Que palabra más inocente ¿verdad?
Cuando éramos niños todo era más fácil. Sin exámenes ni vida social. Todo el mundo era amigo de todo el mundo. No había que tomar decisiones. No había que estar pendiente de encajar por que a la vista de todos, éramos iguales.
Recuerdo las tardes con mi abuela pintando, sintiéndome orgullosa de mí misma por no salirme de la raya. Saludar a los aviones que pasaban por encima de nosotros. Esas tardes en el parque haciendo amigos. Esos llantos por no querer ir al colegio. El poner el diente debajo de la almohada para, a la noche siguiente, encontrarnos una moneda con la que nos sentíamos ricos. Esas noches de reyes en vela para intentar ver a los Reyes Magos, la ilusión de los regalos. El jugar con combas, balones, barbies y coches, en vez de con personas y sus corazones. Cuando calentarse, era estar al sol jugando durante mucho tiempo. Cuando lo más rico del mundo era nuestra chuche favorita. Cuando ganar, era que no te pillaran en el pilla-pilla.
¿Ahora? Ganar es dejar mal a otros. Las sonrisas son falsas.
El mundo es un lugar donde lo único que importa es la aparecía. Sexo no es igual a amor. Las amistades son de conveniencia. Los problemas se ahogan en alcohol. Las modas marcan nuestras vidas.
Bendita niñez. Y bendita inocencia.

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